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Cómo contamos historias

21 jul
3 min de lectura

Las historias nos ayudan a comprender el mundo. Inspiran compasión, generan confianza y motivan a las personas a actuar. Pero esa oportunidad también conlleva una responsabilidad.


En Project Gerson, creemos que toda persona tiene una dignidad inherente. Esa convicción no solo guía la forma en que servimos a los demás, sino también la manera en que contamos historias. Nuestro objetivo es documentar la vida, no la pobreza.


Fotografiamos y grabamos los momentos que cualquiera quisiera recordar, sin importar en qué parte del mundo se encuentre: amistades, aprendizaje, familias, celebraciones, desafíos, actos de bondad y otros recuerdos valiosos. Un padre y su hija sentados juntos en la entrada de su casa. Amigos riendo juntos. Un estudiante concentrado durante una partida de ajedrez. Un voluntario trabajando junto a una familia. Si las circunstancias de una familia aparecen en el fondo de una imagen, simplemente forman parte de su historia, no son la razón por la que capturamos ese momento.


No buscamos historias porque sean impactantes, desgarradoras o porque puedan generar más donaciones. La pobreza, la enfermedad, la adicción, el duelo o una crisis pueden formar parte de la vida de una persona, pero nunca deberían convertirse en la imagen que la define.


Del mismo modo, evitamos fotografiar o grabar a las personas durante sus momentos de mayor vulnerabilidad. Hay experiencias que pertenecen, ante todo, a la persona y a su familia. Nuestra responsabilidad es servir a las personas, no convertir sus días más difíciles en contenido.


Siempre que es posible, invitamos a las personas a participar en la forma en que se cuenta su historia y respetamos sus deseos. Al mismo tiempo, reconocemos que quienes reciben apoyo pueden no sentirse completamente libres para rechazar una fotografía, un video o una entrevista. Por esa razón, no consideramos que el consentimiento, por sí solo, sea suficiente como nuestro estándar ético. También nos hacemos una pregunta más importante:


¿Esta historia refleja el mismo respeto, la misma empatía y la misma dignidad que quisiéramos para nuestra propia familia?


También procuramos no contar historias en las que quien ayuda tenga más protagonismo que la persona que recibe el apoyo. Una fotografía no debería existir únicamente para demostrar que alguien fue voluntario, hizo una donación o se preocupó por los demás. Las personas a las que servimos no son el escenario de nuestra generosidad ni la prueba de nuestras buenas intenciones. Las historias más significativas invitan a ver a las personas como vecinos, compañeros de clase, padres, amigos y miembros de nuestra comunidad, no como oportunidades para demostrar compasión.


Por último, reconocemos que no todas las historias deben compartirse. Algunos momentos son profundamente personales. Otros pertenecen a un niño, a una familia o a una persona que confió en nosotros durante uno de los momentos más difíciles de su vida. Aunque compartir esa historia pudiera generar conciencia o atraer apoyo, creemos que hay historias que simplemente no nos corresponde contar.


Elegir no publicar una fotografía, un video o una historia personal puede significar menos visitas, menos donaciones o menos atención. Aceptamos ese costo. Proteger la dignidad de una persona es más importante que maximizar el alcance o la interacción.


A veces, la historia más ética es la que nunca se cuenta. No ayudamos a las personas para sentirnos mejor con nosotros mismos. Servir a los demás es profundamente significativo, y es natural experimentar alegría, gratitud o satisfacción al hacerlo. Pero esos sentimientos son una consecuencia, no el propósito.


Si proteger la privacidad, la dignidad o la confianza de una persona significa que nadie llegue a saber lo que ocurrió, lo consideramos un éxito, no una oportunidad perdida.


Michael

 
 

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